Dulce y salado, una combinación sorprendente

La gastronomía y la repostería se encuentran en un momento de continua evolución. Muchos son los cocineros y reposteros que se atreven con nuevas e imaginativas recetas en las que combinan ingredientes que a priori resultan difícil de mezclar. Aunque la idea de mezclar dulce y salado en mismo plato o en producto no es nueva, la realidad es que existen numerosas recetas en la actualidad que combinan lo dulce y lo salado con resultados excelentes.

Esta sorprendente combinación también está presente en los dulces. En Suiza, el país por excelencia del chocolate, se elaboran tabletas en las que se incorpora una cantidad importante de sal e incluso almendras saladas, combinandolas con una explosión final dulce en el paladar que provoca una sensación muy particular.

Monte Turia cuenta entre sus productos con bocaditos dulces y salados variados, predominando una amplia gama de dulces de varios tipos, como estos coquitos dulces o estas galletas crujientes de pasas y nueces.

Alguno de estos dulces incorporan la sal como conservante alimentario, sin embargo, también disponemos de estas riquísimas galletas de cacahuete que podemos considerar como un dulce salado.

Contraste entre sabores dulces y salados

La gastronomía en España, especialmente aquella arraigada a zonas rurales como la Serranía del Turia, en Valencia, siempre se ha nutrido de comidas contundentes como la famosa “olla Churra”. La extensa cultura repostera de la comarca se puede apreciar en cada rincón de la comarca. Son muchos los pueblos que cuentan con uno o varios dulces propios que se pueden adquirir en sus hornos y establecimientos.

Pero la cultura gastronómica en España va más allá del dulce y de sus recetas de toda la vida. También existe un cierta tradición en la combinación de dulce y salado.

Melón con jamón

El melón con jamón, un plato que cuenta con muchos adeptos, es la unión de dos alimentos opuestos que se que se elabora en nuestro país desde el siglo XVII, siendo probablemente el máximo exponente en nuestra gastronomía de la combinación de dulce y salado.

Una gastronomía que ha encontrado en la conexión de sabores dulces y salados una fórmula con la que innovar y crear nuevas comidas e incluso nuevos dulces. Nunca antes la cocina ha vivido un momento tan efervescente como el actual en todos los sentidos.

El queso con uva también mezcla dulce y salado y también puede resultar muy sabroso.

Carnes con salsas dulces

Existen guisos tradicionales que mezclan carnes con vinos muy dulces. Un plato muy conocido es el solomillo bañado en salsas como la Pedro Ximénez (quizá la salsa dulce más conocida de nuestro país). Otras mezclas como los dátiles con bacon también puede ser muy sugerente.

A nivel internacional también existe esta tendencia. En algunas regiones de Sudamérica es muy habitual combinar el pescado con frutas dulces. Sin irse tan lejos, en algunas zonas de Portugal, el pez espada se fusiona con plátanos bien dulces, sin duda una de las combinaciones de sabores sorprendentes que podemos encontrar cerca de España.

¿Dulce o salado?

Seguramente esta cuestión os la han planteado en más de una ocasión. Aunque probar combinaciones nuevas o exóticas no está de más, la realidad es que la mayoría sentimos una predilección bien por el salado o bien por el dulce.

A veces, la preferencia por el dulce o el salado simplemente depende del momento del día, algo que tiene mucho que ver en cómo organizamos nuestra alimentación a lo largo de la jornada.

Es muy frecuente que a media tarde nuestro cuerpo nos pida sabores dulces, sobre todo después de una siesta, momento en el que los niveles de glucosa disminuyen considerablemente. Por el contrario, después de realizar ejercicio físico los sabores salados nos resultan más apetecibles, ello se debe principalmente a que nuestro organismo pierde sales minerales durante ese esfuerzo.

El mejor momento para comer un dulce…

Seguro que hay un momento concreto durante el día en el que os entran ganas de llevarse un dulce a la boca. No es algo nuevo, sino que es una circunstancia que le ocurre a la mayoría de personas.

Es muy habitual que después de la comida o el almuerzo nos apetezca comer un dulce. Unas tejas de Monte Turia o unos rosegones tradicionales son sin lugar a dudas el mejor acompañante para el café de la sobremesa.

Hay quién lo prefiere durante el desayuno, y es que no hay nada mejor que unas delicias de almendras o unas rizadas integrales para afrontar una larga jornada con fuerza y energía. A otros sin embargo prefieren el dulce después de la cena, para finalizar el día con buen sabor de boca. ¿Y a tí, qué prefieres? ¿El dulce o el salado?

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